En tiempos de crisis, como el actual, Propecia pill whithout prescription las empresas optan por recapitalizarse, por aumentar sus activos y reforzar sus estructuras internas para aguantar el envite. Y la prensa, sobre todo la industria periodística, la del papel, está haciendo lo propio, pero desde una perspectiva exclusivamente empresarial que no tiene en cuenta las particulares características de su modelo de negocio. Y así, en lugar de capitalizarse, se está descapitalizando, con EREs, despidos y bajas incentivadas que sólo sirven para que la empresa se ahorre unos euros en sueldos pero pierda su verdadero capital, la gente que conoce el oficio, los periodistas veteranos.
La última baja que he conocido en esta trayectoria suicida de los periódicos ha sido la de Susana Barberá, periodista que trabajó durante más de 16 años en la edición de Castellón del diario <em>Levante y que de la noche a la mañana ha perdido su empleo. La noticia de este despido fulminante me ha parecido una mala noticia, una muy mala. Comprendo que el periódico es una empresa y que el momento no es el mejor para el sector, que el diario está obligado a tomar decisiones que también son difíciles para los que las adoptan y que puede parecer muy fácil hablar desde la barrera. Todo eso lo sé. Pero tambien sé que la ausencia de la firma de Susana Barberá en el periódico va a suponer un vacío muy grande. Primero porque durante sus más de 16 años en el Levante ha estado mucho tiempo en relación con la comunidad universitaria de la Unviersitat Jaume I y en ella ha logrado muchos amigos (cuestión difícil para gran parte de los periodistas, pero harto complicada cuando las fuentes son universitarios, a los que ha sabido ganarse y tratar siempre con respeto). En segundo lugar, porque la ausencia de Susana Barberá supone la pérdida en las páginas del diario de una persona que escribía con conocimiento, que dominaba el oficio. Y es que este trabajo tan bello y tan vilipendiado últimamente es, por encima de todo, un oficio. Ya lo dijo hace mucho García Márquez. Está bien todo lo que enseñamos en las universidades, pero el periodista aprende a serlo en la redacción, escribiendo y practicando su oficio. Y lo peor de esta crisis es que los periódicos se están vaciando de gente con oficio. En un afán ciego por ahorrar costes y eliminar al personal con más antigüedad están olvidando que es ahí precisamente donde reside su capital, su capital intelectual, en los periodistas con oficio, en los periodistas que conocen un tema casi con tanta profundidad como las personas de las que escribe, en los periodistas que son capaces de valorar con criterios más allá de los sensacionalistas, sino de los del interés real para los ciudadanos afectados por una cuestión, cuál debe ser el alcance y el tratamiento de una noticia. Y Susana Barberá, con más de diez años de experiencia en información universitaria, era un ejemplo de todo ello en Castellón. Para mí, el mejor ejemplo.
En un momento en el que cualquiera parece que puede ser periodista y en el que los medios andan de capa caída (y no sólo por la crisis económica y su derivada publicitaria, sino sobre todo por la caída de lectores y los cambios de hábitos de consumo mediático que parecen no querer ver), considero que es más necesario que nunca que los periódicos reivindiquen el papel del periodista con oficio, el que sabe discernir el trigo de la paja y el que es capaz de dar realmente una información de interés y una información con sentido y valor para los lectores. El periódico ya no puede competir por dar la mayor cantidad de información (aun con las antiguas redacciones, los medios jamás podrán ya con las legiones de internautas), ni la más llamativa (cualquier recién llegado puede hacerlo), sino la más útil, la más veraz, la mejor valorada y jerarquizada por los ojos del periodista con oficio. Desde luego, es sólo una opinión personal, pero realizada desde el más puro espíritu universitario de estudiar, analizar y reflexionar sobre la realidad para intentar mejorarla.
Por último, debo decir que Susana Barberá es, además de una buena periodista universitaria, una buena persona, buena gente. Y eso también es importante en este oficio, muy importante. Y de nuevo quiero recordar aquí a García Márquez y a aquel textito suyo tan breve y tan lleno de contenido, tan prodigiosamente sintético, “El mejor oficio del mundo”, en el que ya decía que la ética es consustancial al periodismo. En todos mis años al frente de la Dirección de Comunicación de la UJI puedo decir que Susana Barberá es una de las personas con más ética que he conocido en nuestra profesión. Y ese es el tercer gran motivo por el que muchos universitarios vamos a notar en falta la firma de Susana Barberá en Levante de Castelló.
Creo que los medios harían bien en no olvidar dónde esta su verdadero capital, o acabarán realmente arruinados.